Reducción de Estrés Basado en la Atención Plena
Biblioteca y Ligas Importantes

Fragmentos para inspirar la práctica de la meditación.


Pensamientos de André Comte-Sponville

El hombre sencillo vive igual que respira, sin más esfuerzo ni más gloria, sin más efectos ni más vergüenza. La sencillez no es una virtud que pueda añadirse a la existencia. Es la existencia misma en tanto cuanto nada se añade a ella (…) Sin otra riqueza que todo. Sin otro tesoro que nada. Sencillez es libertad, levedad, transparencia. Sencillo como el aire, libre como el aire (…) El hombre sencillo no se toma ni en serio, ni trágicamente. Sigue su camino con el corazón ligero y el alma en paz, sin meta, sin nostalgia, sin impaciencia. Su reino es el mundo y le basta. Su eternidad es el presente y lo colma. No tiene nada que demostrar, puesto que no quiere aprender nada. Ni nada que buscar, puesto que todo está ahí. ¿Hay algo más sencillo que la sencillez? ¿Algo más ligero? Es la virtud de los sabios y la sabiduría de los santos



“En todas las demás ocupaciones – escribía Epicuro - , el gozo sucede al trabajo realizado con esfuerzo; pero; pero en la filosofía, el placer marcha al mismo ritmo que el conocimiento: no es después de aprender que gozamos de lo que sabemos, sino que aprender y gozar van juntos.”

Ten confianza: la verdad no es el final del camino; es el camino mismo.



La inteligencia no basta. Los libros no bastan. ¿De que sirve pensar tanto, para vivir tan poco? ¡Cuanta inteligencia hay en las ciencias, en la economía, en la filosofía! Y cuanta estupidez suele haber en la vida de los científicos, de los hombres de negocios, de los filósofos… La inteligencia sólo se aproxima a la sabiduría en la medida en que transforma nuestra existencia, la ilumina, la guía. No se trata de inventar sistemas filosóficos. No basta con saber manejar conceptos; estos son solamente medios. El fin, el único fin, es pensar y vivir un poco mejor, o no tan mal.



Pero en lo que los filósofos sí están de acuerdo, al menos casi todos, es en la idea de que la sabiduría se reconoce en cierta felicidad, en cierta serenidad, digamos que en cierta paz interior, pero gozosa y lúcida, la cual no es posible sin un uso riguroso de la razón. Es lo contrario de la angustia, de la locura, de la desdicha. Por eso necesitamos la sabiduría. Por eso hemos de filosofar. Porque no sabemos vivir. Porque hemos de aprender. Porque la angustia, la locura o la desdicha nos amenazan constantemente.



El que la vida sea tan difícil, frágil, peligrosa y valiosa como efectivamente lo es, constituye una razón de más para filosofar lo antes posible (“la infancia también tiene algo que aprender de ella, como las otras edades”) o, dicho de otro modo, para aprender a vivir, en la medida de lo posible, antes de que sea demasiado tarde.



La inteligencia no basta. La cultura no basta. La habilidad no basta. “La sabiduría no puede ser ni una ciencia ni una técnica”, subrayaba Aristóteles: se refiere menos a la verdad o a la eficacia, que al bien para si mismo y los demás. ¿Es un saber? Ciertamente. Pero un saber vivir.



Así pues, hemos de filosofar: hemos de pensar tanto como podamos, y mejor de lo que sepamos. ¿Con qué fin? Para lograr una vida más humana, más lúcida, más serena, más razonable, más feliz, más libre…Es lo que tradicionalmente denominamos sabiduría, que sería una felicidad sin ilusiones ni mentiras. ¿Podemos alcanzarla? Jamás por completo, sin duda. Pero esto no impide que la busquemos, ni que nos aproximemos a ella”.



La cuestión principal es: ¿Cómo he de vivir? En cuanto se intenta dar una respuesta inteligente a esta pregunta, se está haciendo filosofía. Y como es imposible evitar planteársela, hemos de concluir que la única forma de sustraerse a la filosofía es la ignorancia o el oscurantismo.



Las ciencias humanas jamás nos enseñan el valor de la humanidad, ni su propio valor. Por eso hay que filosofar: por que hay que reflexionar sobre lo que sabemos, sobre lo que vivimos, sobre lo que queremos y porque para ello, ningún saber nos es suficiente ni nos dispensa de hacerlo. ¿El arte? ¿La religión? ¿La política? Son materias muy importantes, pero tambien ellas han de ser objeto de reflexión.



Nadie puede filosofar por nosotros. Obviamente la filosofía tiene sus especialistas, sus profesionales, sus enseñantes. Pero la filosofía no es fundamentalmente una especialidad, ni un oficio, ni una disciplina universitaria: es una dimensión constitutiva de la existencia humana.



Filosofar es pensar uno mismo; pero nadie puede lograrlo verdaderamente sin apoyarse en el pensamiento de otros, especialmente en el de los filósofos del pasado. La filosofía no es solamente una aventura; es también un trabajo que no puede llevarse a cabo sin esfuerzo, sin lecturas, sin herramientas.



Regresar...


 
Si tienes alguna duda, puedes escribirme a:
REBAP (Grupo Puerto de Veracruz - México)

Powered by: